torsdag 19 maj 2011

SOLIDARIDAD & BECERRA. Aún es tiempo de abrir la ventana

NOS ESCRIBE LA SOLIDARIDAD:

Joaquín Pérez, a la izquierda, lleva la manta que en sueco
exige: "LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS EN COLOMBIA"
y la veterana comunista, Mercedes Usuga, que en el momento
por su detención en el 1994, tenía 65 años, acusada por la
Fiscalía Sin Rostro, que tenía su oficina en el batallón de
la 17a Brigada del ejército en la región bananera de Urabá, que
era autor intelectual de una masacre en Apartadó. Fue absuelta
después de cinco años por "falta de méritos". FOTO. DICK E.


JOAQUIN PEREZ BECERRA.
Aún es tiempo de abrir la ventana.



Han pasado  casi un mes desde que Joaquín Pérez  Becerra fuera entregado desde Venezuela al Gobierno colombiano, un hecho que sacudió muchas conciencias y  llamó a la reflexión a cientos que volcaron sus ideas en declaraciones de todo tipo: analíticas algunas, cargadas de emotividad otras, más o menos vehementes, sopesadas, profundas, radicales o apasionadas. Todo un abanico de reacciones espontáneas.

Solo en el medio digital Aporrea,  en la primera semana después del suceso,  se produjeron más de 150 artículos de opinión. Frente al silencio oficial, los espacios libres fueron llenándose de voces que pedían respuestas, que rechazaban lo que consideraban algo impropio para un Gobierno revolucionario. Más tarde y tímidamente surgieron algunos que trataban de justificar el hecho,  basados principalmente en una irrestricta  incondicionalidad con las decisiones tomadas por Presidente Hugo Chávez.
                                                        
La solidaridad nacional e internacional no tardó en llegar; a la fecha más de 180 organizaciones de todo tipo y de distintas nacionalidades han enviado su aliento y apoyo, centenares de personas se han  pronunciado,  no solo por la inmediata libertad del comunicador sueco-colombiano, si no también asumiendo la necesidad urgente de garantizar que esto no vuelva a ocurrir en ningún rincón del planeta…mucho menos en Venezuela… NUNCA MÁS UN PERSEGUIDO POLÍTICO DEBERÍA  SER ENTREGADO A SUS VERDUGOS!

No sería exagerado plantear que hay un antes y un después de la entrega de Joaquín, algo que tal vez solo pueda vislumbrarse en las inter-subjetividades  de quienes aspiramos a ese otro mundo posible y necesario,  comprometidos con una ética vital y  distinta, algo que algunos calificaron como “la fractura de la confianza”, pero que podría llegar a transformarse en algo más paralizante y derrotista: “la pérdida de la esperanza”.

 Por eso resulta preocupante el despliegue dentro de ese contexto de  una especie de guerra  declarada de epítetos y descalificaciones que lamentablemente han logrado desplazar la discusión original y de fondo,  entorpeciendo y enrareciendo cada vez más la necesidad de debatir con altura y profundidad un tema tan trascendente.

 Estamos convencidos que las descalificaciones y los insultos solo sirven para opacar los argumentos, obstruir el diálogo y nublar la razón. A nuestro entender no es posible realizar un intercambio fructífero de ideas, una polémica basada en conceptos y criterios de valor, un debate franco en pos de la verdad y la certeza, si una parte califica a la otra de “burócratas pragmáticos y mediocres” o de “renegados y traidores” o a la inversa se acusa a la parte contraria de “intelectuales marxistas-leninistas desfasados” o de movimientos “infiltrados por la CIA”, portadores de mucha teoría “pero fracasados en su ultra-izquierdismo trasnochado”.

De esa manera los espacios para un debate esclarecedor se cierran. Porque desde en el mismo momento en creemos que las ideas de nuestros interlocutores carecen de validez alguna,  desde el instante en que lo entendemos merecedores de  tales descalificaciones, los estamos considerando no suficientemente dignos de ser escuchados y considerados como partes meritorias de un proceso diverso y contradictorio.
 Tal tratamiento de las contradicciones y diferencias entre sectores  que han  compartido posiciones antiimperialistas y enfrenamientos con las derechas impenitentes, y que han caminado un largo y fructífero trecho juntos, aun manteniendo diferencias, es a todas luces inadecuado e infecundo.Porque no se trata de una pelea a muerte donde gana el más fuerte, el que tiene más poder o el que grita más; mucho menos es cuestión de abrir las puertas del infierno para cobrar viejas deudas acumuladas y hacer revancha por cada una de las discusiones y críticas censuradas o autocensuradas.

Se trata del futuro de Venezuela, de su posición frente al mundo y especialmente frente a los revolucionarios y revolucionarias que han tejido su esperaza en torno esta patria bolivariana que le ha devuelto actualidad a los cambios revolucionarios y al proyecto socialista, catalizando un hermoso proceso continental.¿O  acaso tenía que venir Joaquín para que descubriésemos alarmados que la composición histórica de este proceso  es un enorme mosaico político-ideológico por no decir una enorme y colorida ensalada?

Queremos pensar que  no obstante el portazo en la cara de “las razones de estado” y el sabor amargo y ácido de la censura, sigue  existiendo la posibilidad de abrir la ventana ancha de   la crítica y autocrítica, de la discusión sincera y el debate frente a frente -y sin intermediarios- en torno a la política internacional de Venezuela y a su relación con los pueblos hermanos y los movimientos populares del continente y el mundo; reafirmando por esa vía la idea del internacionalismo cuya vigencia cobra una importancia estratégica para la defensa de nuestros pueblos oprimidos y agredidos, de sus luchas heroicas y sus conquistas, en el duro combate contra un enemigo común cada vez más perverso y voraz, contra un imperio militarizado, súper-explotador y depredador, siempre acompañado de aliados serviles y Estados canallas.

Nuestro compromiso con el proyecto del socialismo bolivariano, con la Venezuela en tránsito hacia él, con los países del ALBA y la revolución continental, hoy es más fuerte que nunca, así  como nuestra plena convicción respecto al valor inconmensurable y la trascendencia del liderazgo popular del comandante Hugo Chávez Frías,  el cual pensamos sabrá aquilatar y sopesar en su momento la justeza de nuestros planteamientos a favor de un diálogo franco y sincero que posibilite al mismo tiempo la confrontación de las ideas y el fortalecimiento de la unidad, reconociendo siempre la diversidad de actores y roles en este proceso transformador a escala nacional y continental.

Estamos convencidos que la solidaridad, la ética y los principios revolucionarios son el corazón de cualquier proceso de liberación. Una ética que impulse a los pueblos  de estas tierras promisorias a la conquista del bienestar colectivo, a la fragua de seres  humanos  nuevos y al amanecer  del continente y la humanidad toda.

LIBERTAD A JOAQUIN PEREZ BECERRA!
LIBERTAD A TODOS LOS PRES@S  POLITIC@S!


Comité Venezolano de Solidaridad con Joaquín Pérez Becerra